Cañada de Gómez - Santa Fe

 

 

 

 

 

INSTALAR EL TEMA

Cuatro son las fuentes de dinero fresco al país: la exportación de automóviles, de petróleo, de minerales y productos de origen agropecuario.

29.09.16

Asociación de Derechos Humanos de Cañada de Gómez


Cuatro son las fuentes de dinero fresco al país: la exportación de automóviles, de petróleo, de minerales y productos de origen agropecuario. Este sistema con fuerte base sobre la explotación y exportación de materias primas nos contamina con la misma contundencia y rapacidad con que genera y concentra riqueza.
El modelo de producción agropecuario está basado en la exportación de un monocultivo transgénico altamente dependiente de agrotóxicos y fertilizantes químicos.
Junto al cereal también se van agua y minerales de nuestro suelo. Por contrapartida quedan agua y suelos empobrecidos y contaminados con los residuos tóxicos.
La industrialización de la agricultura expandió la frontera agrícola que destruye los diversos ecosistemas, las producciones regionales y expulsa a la gente del campo.
Por otro lado, existen muchas experiencias que muestran que es totalmente posible producir alimentos sanos, variados, respetando las leyes naturales, con rentabilidad económica y capaz de entregar a sus hijos una tierra tan rica como la que recibieron.
Entonces, ¿porque nos empeñamos en seguir un sistema que no es viable y mucho menos justo, que nos lleva a la destrucción de la naturaleza que nos da la vida y de la cual somos parte?
Esta realidad no cayo del cielo, hay actores que la traman y la hacemos posible.
Las multinacionales de los alimentos son corporaciones que manejan todo el negocio, desde los insumos hasta el precio de venta del producto final y han determinado que a Argentina le toque en el reparto del mundo exportar materias primas.
Los gobiernos cortoplasistas se ven “beneficiados” siendo socios de estos “negocios” y no los discuten. Sin ir más lejos, en el mal llamado conflicto del campo, la disputa fue por un porcentaje de la ganancia pero nunca se criticaron los cimientos del modelo.
Los productores, quienes en definitiva son los obreros de la gran fábrica, en general, no logran escapar de ésta lógica de producción y consumo que reproduce con cada ciclo de cultivo un orden que los empuja y nos arrastra a la autodestrucción.
Si así vemos las cosas, nos preguntamos entonces, ¿Qué podemos hacer?
Y otra vez no hay receta. La respuesta la debemos buscar con la política, la organización, el debate, el compromiso.
Este es un tema, que como los derechos humanos, nos atraviesa a todos. La tierra, la naturaleza, es un bien común, social. Somos parte de ella y es responsabilidad de todos. Por más que algunos posean un titulo de propiedad no pueden explotarla y contaminarla.
Desde este humilde espacio incitamos a instalar el tema y comprometerse en generar ámbitos de debate con todos los actores para informarnos y buscarle la vuelta.
 
Asociación ddhh Cañada de Gomez