Cañada de Gómez - Santa Fe
 
 
 

 

 

 

 

 

 

HASTA EL PRÓXIMO APLAUSO COMPAÑERO

02.02.12

Juan Carlos Gené

 

 

Y se nos fue de viaje Juan Carlos Gené. Como un final de obra y a telón cerrado lo estaremos esperando para el próximo aplauso

por Néstor Zapata *


Y se nos fue de viaje Juan Carlos Gené. Como un final de obra y a telón cerrado lo estaremos esperando para el próximo aplauso. Compañero, colega, maestro, pionero. Como olvidarnos de aquel juvenil El Herrero y el Diablo que nos traía toda la alegría de la fiesta popular y la sabiduría de todos los argentinos: la picardía. Tuve la satisfacción de dirigir distintas puestas en Argentina y en España. Allí en Extremadura el público de volvía loco, quería llevarse los personajes a sus casas. Pero el mejor sabor lo tuve con los actores, jóvenes actores que descubrían esos personajes tan nuestros que Gené había dado vida y quedaban maravillados.
Cómo olvidarnos de cuando lo vimos actuar en Tute Cabrero ese film blanco y negro (por eso no lo querían estrenar comercialmente en Rosario y lo dimos en Arteón y se llenó) donde nuestra había que defender solidaridad porque algunos en el 68 se les caía a pedazos. Y la emblemática Cosa Juzgada. Allí nos llenábamos de orgullo. La hacían “los compañeros”…! Con el Negro Carella caímos siempre allí en el recuerdo. Él como protagonista, yo como espectador. “Tendríamos que hacerla de nuevo, no?”. Uno de los tantos sueños compartidos. Y a no olvidarnos del otro sueño que se hizo realidad: la Ley Nacional de Teatro, que lo tuvo entre sus pioneros.
Creyó en el Peronismo, se jugó como todos, militó políticamente y sindicalmente. Como muchos, con la dictadura del 76, emigró. Forma elegante de decir se refugió en algún país hermano donde no peligre su vida. Lo crucé en Colombia, en Venezuela. Seguía laburando, escribía para la televisión. Me dijo, como asombrado, con ese brillo en los ojos de contar la sorpresa: “Y me pagan por escribir. Hasta puedo vivir bien y ahorrar un mango. Qué me decís..?”. Y después, ya con ese entrecejo fuerte que tenía, se le oscureció el rostro y vaticinó lo que por suerte no se dió: “Y a la Argentina ya no creo que vuelva.
Ya me despedí (estábamos a fines del 77) Siento que esa parte de mi historia se cerró”. Allí fundó el querido CELCIT, puerta abierta a todos los hombres de Teatro de Latinoamérica para estrechar oficio y vivencias en la Patria Grande, y luego desde su querida Buenos Aires, donde la siguió luchando hasta la “penúltima” función. Me lleva el recuerdo a los intensos días de trabajo y noches cálidas de peñas donde nos encontrábamos en tantos viajes a Venezuela y también en España o no hace tanto en las escaleras -que nos cuesta subir- de la casona de Argentores. Lo veíamos serio, fuerte, seguro, quien se podía aguantar su mirada cuando algo no le gustaba, era el modelo de la fuerza y el aguante.
En el fondo era tímido, sensible, con asombros ante las cosas que te llegan al alma. Fue y es un mojón en este arduo camino de entregarse a los demás con todo, creando las historias y los seres de la imaginación que nos reclama el Pueblo, dándole su cuerpo y su corazón a los personajes que se quedan para siempre con nosotros. Sí, es un hito, un mojón de los que aman, de los que creen y se entregan con todo al Teatro, es nuestro, es nuestro compañero nuestro de luchas y de sueños. Te encontraremos Juan, no lo dudes, en cualquier escenario, en cualquiera de los próximos aplausos.

 

* Autor y Director teatral