Cañada de Gómez - Santa Fe

 

 

 

 

 

EL CAÑADA DE GÓMEZ- LOS HECHOS

 

Espero que la próxima vez que amanezca en el lago Cañada de Gómez sea un sueño

28. 02 .17

 

Por Hernán Abrate


Ya habíamos vuelto de las vacaciones. Estábamos en casa. En la madrugada un ruido a agua me aliviano el sueño sin llegar a sacármelo del todo. No me despertó pero tampoco me dejo seguir durmiendo. Quede en ese estado donde los sentidos pueden edificar una realidad algo absurda de la cuál podemos llegar a dudar. ¿Esto está pasando o lo estoy soñando? Escuche correr las aguas de un río detrás de las ventana y un rato más tarde nos encontramos desayunando a las orillas de un lago. Aclaro que vivimos en Rojas y Avellaneda, zona norte, a dos cuadras de la ruta. El Cañada de Gómez habría de ser. Su pequeño oleaje rompe justo en el zócalo de nuestra puerta balcón, que esta a unos treinta centímetros arriba del nivel del patio y de la calle. Termine por despertarme completamente cuando el agua mojo mi dedo gordo del pie.
Resulta que, como ocurre una o dos veces por año, cuando alguna de las lluvias copiosas de verano cae sobre la cuenca norte, el agua, porfiada (como dijo un albañil mientras el líquido le gambeteaba la rejilla de desagüe) busca el lugar más bajo, en este caso el arroyo. Y en el camino se choca con calles, zanjas llenas de yuyos, alcantarillas chicas o tapadas, casas, terrenos, en fin, la ciudad. Que en vez prever y facilitar su escurrimiento o retardarlo de manera organizada, lo complica. El resultado: zonas anegadas y casas inundadas.
Las causas y las explicaciones
Mucho se habla por estos días del cambio climático y los fenómenos extraordinarios. De la deforestación y el modelo agrícola. No pretendo en esta nota poner en tela de juicio estos argumentos que indudablemente tienen cierta influencia. Ahora, en esta zona, Rojas y Avellaneda, desde que yo estoy (hace varios años) y desde antes también según cuentan los vecinos, el agua nos entra en las casas todos los veranos, repito, al menos una o dos veces por año. Quizá para los expertos esta periodicidad siga siendo extraordinaria y por eso el problema descartado.
Para esta misma fecha del año pasado, ocurrió lo mismo. Llovió mucho en el norte, el agua busca ir hacia el arroyo por su cauce natural e inundo a las viviendas que lo interrumpen. Los vecinos enojados reclamamos y las autoridades ni siquiera nos pudieron contar este cuentito, que claro, sería asumir cierta responsabilidad. Cada uno decía lo que le parecía, traían las maquinas y hacían una zanja en la calle para que el agua cambie de vereda, querían abrir una cuneta por allá, cambiaron el nivel para acá. Improvisación total y como vemos ahora totalmente inservible. Días más tarde se encolumnaron detrás de la promesa de la intendenta de obras para calmar las aguas, con doble sentido lo digo, que un año después sigue siendo eso, promesas.
¿Soluciones?
Si a cualquier vecino cuando va a comprar un terreno o cuando presenta los planos en la municipalidad para construir, le dicen que por ahí pasa el agua y no se puede, no creo que insistan. Por lo menos en este caso, se sabe que es por donde desagota el agua y si a mí me avisaran, elegiría  no inundarme. ¿Sera que no se dan cuenta? Porque no es cuestión de plata, es solo una previsión,” por acá tiene que pasar agua, no se puede edificar”. Es más, nos ahorraría mucho dinero, porque una vez que se establecieron las viviendas, para darle respuesta harían falta obras para conducir el agua sin que cause daños. El año pasado el club Sport compro un lote vecino para el futuro campo de deportes y terrenos para alguno de sus asociados. Las canchas que ya están en uso, ahora son piletas naturales y por los terrenos linderos corre toda el agua que después entra en nuestros patios. ¿Nadie les dijo nada? Se van a inundar, estamos acumulando futuros problemas. Si van a cumplir con las obras debería ser previo a que permitan edificar. Y desearía que fuese antes de la lluvia torrencial del año que viene porque nos va a volver a entrar agua. Sinceramente no creo que tengamos suerte.
Hasta tanto no tengamos soluciones, no nos queda otra más que acudir a respuestas individuales para proteger nuestras viviendas. Que no son ni las más económicas para nosotros, ni las más eficientes para todos. Y hacer algún barullo, a ver si se avizora algún pensamiento estratégico que prevea los problemas de la ciudad.
Mientras veo como bajan las aguas, por suerte bastante rápido, canalizo en estas palabras un poco de la bronca y la impotencia despertada. Y la incertidumbre ante una futura lluvia importante. Espero que la próxima vez que amanezca en el lago Cañada de Gómez sea un sueño. De enserio, solo un mal sueño.